domingo, 29 de mayo de 2011

El viejo reloj del abuelo marcaba casi las 9:30 de la noche, la casa estaba en silencio, todo estaba desordenado; botes de helados vacíos tirados por el suelo y otros medio llenos encima de la mesa esperando a que pasase el tiempo para derretirse poco a poco, ropa sucia tirada: camisetas, tangas, pantalones y sujetadores se elevaban pareciendo una montaña que se formaba según van pasando los años. Cartas y cartas esparcidas por el sofá rodeadas de un montón de pañuelos usados. Una botella de whisky medio agotada yacía muerta. Aquella casa parecía abandonada, nada había vuelto a ser igual desde que Jacke abandonó a Asel.
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Asel es una chica rubia, alta, guapa de cara y con un cuerpo de escándalo, tiene esos ojos que les ves y te enamoras y unos labios que piden a voces ser besados. Era perfecta sabía de sobra que podría tener a cualquier chico pero ninguno le daría lo que le dio el, nadie podría igualar sus caricias, sus besos lentos e infinitos, su mirada penetrante y su pelo alborotado .
Se levantó del sofá y echo un vistazo a su alrededor, ''ya es hora de pasar página'' pensó y armándose de valor y buenas esperanzas cogió su vestido negro y sus tacones rojos, se pintó un poco y salió a arrasar con la ciudad. Paseo por muchos garitos, algún que otro chico se le acercó a meter fichas, pero no sabía porque cada vez que le decían ''hola, te invito a una copa'', el mundo se le venia abajo, todos los planes se le desmoronaban y solo quería salir corriendo.
No había estado ni una hora fuera de casa y ya estaba cansada, vagabundeaba por los callejones, cabizbaja, había salido a comerse la ciudad, pero la ciudad la había comido a ella, solo le quedaba volver a casa, tumbarse, leer sus cartas, llorar y mientras le recuerda le recuerda lamentarse una vez más por haberle perdido. 


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Aveces imagino cómo sería eso de volar. Sentir como tus pies dejan  a un lado la absurda gravedad que nos mantiene aferrados a la tierra y flotar. Silencio. Notar como todo tu cuerpo va ascendiendo poco a poco; cada vez más. Al principio tus músculos están agarrotados, pero empiezas a moverte. Tus brazos se hacen ligeros, tus piernas ya no pesan, todo tu interior está vacío, hueco… cómo un corazón inerte. De repente percibes un pequeño cosquilleo en la tripa que se va acrecentando a medida que subes, y subes... cierras tus ojos con miedo a lo desconocido, pensando que quizás no vuelvas a ver con claridad todo aquello que te rodea, los párpados se cierran de cuando en cuando, los latidos golpean en tu pecho bruscamente, dejando patente tu grado de excitación, tanto, que incluso duelen. Y entonces sucede… sucede que los problemas desaparecen, que el miedo se transforma en incertidumbre, que la realidad se cambia por otra totalmente distinta en apenas veinte segundos, que todo tu ser se traslada a una dimensión paralela en la que te sientes libre, lleno de fuerza, de adrenalina, de felicidad. Ese hormigueo en las palmas de las manos no cesa ni un momento y por muy ridículo que parezca, te entran ganas de reír, de reír sin parar, de reír a carcajadas, abriendo bien la boca, mostrando todos tus dientes, provocando lágrimas, reír nerviosamente, reír de ilusión, con euforia, soñando. Reír de todas la maneras.
Desaparecer. Desaparecer y que todo tu cuerpo se transforme.
Volar, aunque sólo fuese por un instante.


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